La Coctelera

Categoría: Literatura y reseñas

27 Septiembre 2009

Esta reseña lleva tiempo en el tintero. Pero como no me apetece mucho estar aquí escribiendo cuando podría estar empezando la segunda entrega de Canción de hielo y fuego, creo que voy a ser breve.

«Es una nave de guerra, Tuf, una nave que se encuentra en una gran órbita elíptica alrededor de H'Ro Brana. Se trata de una de las armas más devastadoras que la Vieja Tierra lanzó a los espacios, en la guerra contra los Hranganos y, a su modo, debía ser tan temible como esa mítica flota infernal de la que se habla durante los últimos tiempos anteriores al Derrumbe. ¡Pero su potencial para el bien es tan enorme como el que posee para el mal!»

Precisamente hablando de Canción de hielo y fuego... el señor George R. R. Martin es también el autor del compendio de relatos breves de esta reseña, titulado Los viajes de Tuf. Se trata de una colección de relatos, al principio inconexos, pero que finalmente el propio autor fue adaptando para crear una novela completa, con siete capítulos que son en realidad siete relatos distintos, pero con un nexo en común: el personaje de Haviland Tuf, protagonista indiscutible, así como la nave llamada Arca en la que viaja.

Porque, precisamente, esta colección de relatos breves es de ciencia ficción pura y dura, nada de fantasía épica. Eso sí, el trasfondo está muy trabajado y es interesante: habla de un futuro lejano, en el que la Tierra ha sufrido un gran auge y avance tecnológico... y una decadencia monumental provocada por una guerra brutal contra otra especie alienígena, los Hranganos, durante la cual se perdió casi toda la tecnología y que provocó el éxodo masivo de habitantes terrícolas en busca de otros mundos menos destrozados que la vieja Tierra. Sin embargo, la Humanidad, lejos de madurar y aprender de los errores cometidos en la Tierra, ha continuado su éxodo como si se tratara de la solución a todos los males: ¿para qué cuidar de tu entorno, si siempre puedes buscar otro mundo que colonizar, en caso de emergencia? Pues bien, ahí está Tuf para desfacer entuertos...

El personaje de Tuf es bastante peculiar. Se trata de un hombretón inmenso, de casi dos metros y medio de altura, obeso hasta casi lo grotesco, con la piel del color de la leche y el cráneo totalmente calvo. Adora a los gatos, odia el contacto humano, es vegetariano, y detesta que le toquen. Y, sobre todo, posee una inteligencia extraordinaria, una astucia a la par, y orgullo y vanidad como para dejar por humildes a los reyes más pomposos. Tuf es un comerciante de no mucho éxito que, por determinadas circunstancias, acaba encontrando una reliquia de la tecnología perdida de la Tierra: una enorme nave sembradora de plagas llamada Arca. Se trata de una nave con una enorme base de datos genética sobre especies de todos los mundos explorados por la Humanidad, capaz de clonar cualquier especie en tiempo récord gracias a la tecnología de los cronobucles (que permiten acelerar el paso del tiempo en los tanques de clonación) y que, en su época, se usaron para hacer la guerra biológica contra los planetas de los Hranganos. La nave tiene una enorme capacidad para la destrucción... pero también para arreglar problemas ecológicos. Así, Tuf decide aprender a usar la nave y convertirse en ingeniero ecológico autodidacta, para arreglar problemas en diversos mundos a cambio de unos elevados honorarios. Pero claro, la Humanidad nunca aprende, y siempre está al borde de la guerra. Y hay quien quiere la nave de Tuf para imponerse a sus vecinos...

En cuanto a los cuentos, hay que decir que, salvo en un par de ellos, el final es toda una sorpresa. Qué bien maneja este hombre la tensión, madre. Y también hay que decir que tiene cierta sensibilidad (no se diría viendo las carnicerías que monta en otras novelas, e incluso en algún relato de este libro), por lo que algunos finales, si bien previsibles, siguen siendo lógicos y hermosos. Y sobre todo destaca lo bien que Martin crea los dos principales personajes, que son el propio Tuf y la maestre de puerto Tolly Mune, encargada de la reparación de la nave a petición de Tuf.

Las temáticas son diversas, y no dejan muy bien a la religión como problema fundamental de la superpoblación, al maltrato a los animales, y al desprecio por el cuidado del medio ambiente. Tal vez Tuf sea autodidacta, pero se toma el amor a la ecología con la misma seriedad con la que se toma el amor a sus gatos. Y, de paso, sirve para recordarnos a todos que este mundo en el que vivimos no nos lo han prestado; es nuestro, y nuestra es también la responsabilidad de mantenerlo en condiciones para poder seguir viviendo en él durante muchas generaciones.

Creo que es una novelita bastante recomendable.

21 Septiembre 2009

Últimamente no hago más que reseñas de cuentecillos en inglés, ¿verdad? Pero es por el aburrimiento y porque Tomi todavía no me ha prestado el ejemplar de Juego de Tronos, prometo volver a las reseñas de novelas gordas enseguida. De hecho tengo pendiente la de Los viajes de Tuf, pero como se lo he prestado a Ki, no tengo el libro para extraer una cita.

Eso me recuerda que tengo que pedirle que me deje Maestro cantor. Hum.

Bueno, al lío.

«He had to have something in his life besides a job, didn't he? Like Arbus, who'd shot models for a living and in her spare time went looking for freaks. Maybe she needed that, after overdosing on glamour all day. Maybe in his case, after the brutal repetitive ugliness of his day-today—dead junkies and hold-up victims who were a bit too slow (or low) with the cash—he needed something a little fantastic, something beautiful, like that silver glow he'd glimpsed on the surface of Arbus's bath, like the first rays of a silver sun about to rise, a hint of imminent revelation»

Llevo bastante tiempo leyendo a Marc Laidlaw. Es curioso, porque es bastante conocido en el mundillo de los videojuegos como guionista. Y yo conozco y adoro su creación más famosa. Y, sin embargo, cuando empecé a leerle, y aunque ya conocía Half-Life, yo no sabía que el autor de aquellos relatos breves (siempre he sentido debilidad por los cuentos y las historias cortas) que tanto me gustaban era precisamente guionista del único juego de acción y tiros (y mucho más que eso) que realmente me ha gustado. De hecho, el título The 37th Mandala me era familiar, aunque aquí en España fue editado precisamente por una editorial de mi ciudad que resultó ser de reputación dudosa, por decirlo de forma suave.

Y me gusta porque tiene imaginación. Y porque sabe contar historias al estilo de los Mitos de Lovecraft con su propia voz. Tal vez no sea el mejor escritor moderno de ciencia ficción y de terror que he leído, pero creo que es muy bueno. Al menos, en mi lista personal, está entre los top ten.

Este cuento empieza con un suicidio. O, más bien, con el registro policial del lugar del suicidio. Una fotógrafa de moda llamada Diane Arbus se ha suicidado en la bañera de su casa hace dos días, pero no han encontrado el cuerpo hasta ahora. Y Brovnick, el fotógrafo de la policía, es el encargado de fotografiar el lugar del suceso. A Brovnick le gusta la fotografía, pero le gusta más el trabajo policial. Sin embargo, al ver las fotografías que Arbus tiene en su domicilio (trabajo personal, nada de fotografías de modelos glamourosas), empieza a comprender que la fotografía le importa más de lo que pensaba. Lo cual causa que se tome la investigación con un poco más de celo y de implicación personal de lo que es habitual en él. La situación, además, es un poco sórdida, porque existen rumores entre la prensa acerca de la existencia de fotos del suicidio; fotos que de alguna manera la mujer consiguió sacar, ya fuera con disparador automático o con ayuda de terceros.

Y hasta aquí se puede contar; que para eso es un relato corto.

Yo no sé mucho de fotografía (mis pinitos se reducen a una cámara digital de batalla que me regaló mi hermano las pasadas Navidades), pero bueno, realmente esto no es lo importante del relato. No sé muy bien por qué, tal vez sea por ese delgado velo que separa la realidad de la fantasía, pero me ha recordado a Paul Auster. No tienen nada que ver el uno con el otro (son distintos, escriben sobre temas distintos, y tienen un estilo completamente diferente), pero me ha venido a la cabeza El libro de las ilusiones. Tal vez debería decir que, en este caso, Auster me recuerda a Laidlaw, ya que El libro de las ilusiones es casi 10 años posterior al relato breve.

Me gustan mucho las historias que mezclan realidad y ficción, y si están escritas de forma sencilla (que no simple) y directa, mucho mejor. Tal vez eso explique por qué me ha gustado tanto este relato.

15 Septiembre 2009

O cómo mezclar nanomáquinas, polimorfismo, pérdida de la virginidad y penes adolescentes en un solo relato. Esto se lo das a Uwe Boll y te hace una trilogía.

«When he turned thirteen, Henry decided to lose his virginity. But he stumbled around girls and felt shy about his penis. What if his penis was the wrong size, or had too weird of a shape? Sometimes it looked too bendy. What if he came too soon, or couldn’t come at all?»

Así empieza Henry's Penis, el relato breve que la escritora de ciencia-ficción Charlie Jane Anders ha publicado en el último número del webzine Flurb. Realmente vicisitúdico, el relato. ¿Quién dijo que no se podían conjugar nanomáquinas y penes en una misma historia? No sé quién lo dijo, pero sea quien sea, se equivocó. Se puede. Con resultados gloriosos.

Hacía tiempo que no me reía tanto con un relato de ciencia ficción. Y, al mismo tiempo, es vagamente inquietante. No sé, me ha gustado. En serio.

24 Julio 2009

Esta reseña sí que lleva pendiente bastante tiempo...

«En realidad, para ver algo mucho más feo que una nave vogona, habría que entrar en una y mirar a un vogón. No obstante, eso es precisamente lo que evitaría cualquier ser prudente, porque el vogón común no lo pensará dos veces para hacerle a uno algo tan increíblemente horrible, que se desearía no haber nacido; o, si se es un pensador más clarividente, que el vogón no hubiera nacido»

Desde que me leí la Guía del autoestopista galáctico he estado pensando seriamente en completar la serie. Hay quien dice que ha envejecido fatal, y puede que sea cierto, pero a mí personalmente a día de hoy me hace bastante gracia. Es lo que tiene el humor británico, supongo.

El restaurante del fin del mundo se puede leer sin haber leído antes la Guía (ya que todo lo necesario sobre antecedentes se explica en él), si bien es cierto que comienza justo donde ésta acaba. Y empieza con una revelación: por qué fue destruida la Tierra tan sólo 5 minutos antes de completar su, bueno, su misión. Y es que la Tierra en realidad no era un planeta, sino un supercomputador cuyo objetivo era encontrar la pregunta definitiva para la cual la respuesta definitiva asumiendo que la pregunta realizada era saber todo sobre la vida, el universo y todo lo demás era 42. Vaya lío, ¿eh?

Pues resulta que una asociación de psicólogos, filósofos y pensadores varios encargaron a los vogones demoler la Tierra por una sencilla razón: si se conocieran la respuesta definitiva y la pregunta definitiva, ellos se quedarían en el paro. El problema es que hay dos supervivientes, que son nada más y nada menos que Arthur y Trillian, y ellos son parte también del programa que seguía la Tierra para obtener la respuesta; por tanto, a partir de ellos se podría recuperar la investigación y obtener una respuesta. Así que la tarea de destruir a ambos supervivientes se encarga al mismo vogón que destruyó la Tierra.

Arthur y Trillian huyen del vogón en la nave Corazón de oro junto con Zaphod, Marvin y Ford; sin embargo, éste no parece querer darse por vencido. Y lo tiene fácil, porque ahora la nave no se mueve: por desgracia, Arthur intentó convencer poco antes de la persecución a la computadora de a bordo para que sintetizara té auténtico de la Tierra en la máquina de tés, y la tarea es tan compleja que la computadora está consumiendo todos sus recursos en la tarea. Así que a Zaphod se le ocurre en ese mismo instante abrir una sesión espiritista para pedirle consejo a su bisabuelo. Y éste los salva, sí; pero no sin antes recordarle a Zaphod esa misión que él no puede recordar y por la cual se hizo Presidente de la Galaxia y robó el Corazón de Oro. Ese plan consiste en llegar hasta la auténtica persona que rige el Universo.

Y ese plan, tras muchas vicisitudes, les llevará hasta Milliways, conocido popularmente como El restaurante del fin del mundo; un lugar construido en una burbuja a salvo del tiempo y justo en los últimos momentos de vida del propio universo. Así, los clientes pueden contemplar cuantas veces deseen la destrucción de éste una y otra vez. Pero a partir de ahí la historia se complica, ya que tras robar una nave en el aparcamiento del restaurante y descubrir que ésta es una nave con piloto automático cuyo único objetivo es servir de espectáculo en un concierto (en particular, el espectáculo consiste en estrellar la nave contra la estrella que hace de sol en el planeta del concierto), se ven obligados a teletransportarse a toda prisa, y sin Marvin. Y por un lado Zaphod y Trillian acaban juntos buscando al auténtico gobernante del universo, mientras que Arthur y Ford acaban en el pasado, e incidentalmente descubren parte de la respuesta que todo el mundo está buscando y por la que han puesto precio a la cabeza tanto de Trillian como de Arthur...

La novela es tan absurda, cómica e irónica como la primera entrega, aunque en ésta se hace leña del árbol caído de la política y de la vida supuestamente inteligente. La crítica que se hace a la figura de Presidente (una figura que está ahí para hacer de cabeza visible, cuando en realidad son otros los que gobiernan) hace bastante sangre, y esa sí que se ha conservado genial en el tiempo, porque no hemos cambiado nada. De hecho, creo que hemos empeorado. Y el tema de los lobbies también recibe su ración de ironía y sarcasmo. En definitiva: me ha gustado.

21 Julio 2009

Ya iba tocando Mundodisco de nuevo, por supuesto.

«AH, PERO NO ESTAMOS EN EL MUNDO, dijo la Muerte. ESTAMOS EN LA REALIDAD CONGRUENTE ESPACIAL CREADA PARA PAPÁ PUERCO. PARA LA CUAL SE SUSPENDEN LAS REGLAS NORMALES. SI NO, ¿CÓMO IBA ALGUIEN A RECORRER TODO EL MUNDO EN UNA SOLA NOCHE?»

Probablemente Papá Puerco era uno de los libros de Mundodisco que más tiempo llevaba esperando para leer. Las fechas, hasta ahora, tampoco han acompañado, pero... bueno, dejémoslo en un por fiiiiiiiiiiiiiin.

Ah, cómo me gusta leer sobre la Muerte. La de Mundodisco, quiero decir. Ese caballero esquelético de dos metros de altura con cierta fascinación por la humanidad.

Una vez al año se celebra en Mundodisco la Vigilia de los Puercos, un día de paz, nieve, amor, y sobre todo regalos por la noche, que trae Papá Puerco (esa criatura mitológica vestida de rojo y blanco que viene volando en su trineo mágico, tirado por cuatro adorables cerditos, y que se cuela en las casas por la chimenea para llenar los calcetines de los niños y no tan niños de regalos). Como es obvio en un lugar como Mundodisco, un ser así no puede existir si no se cree en él.

Y eso es lo que pretenden los Auditores de la Realidad: que Papá Puerco no exista. Así que contratan a alguien capaz de matarlo, o, por lo menos, de dejarlo gravemente herido. Parece imposible matar a una representación antropomórfica de una creencia ¿verdad? Pues alguien ha encontrado la manera.

Las reglas, en principio, hablan de no intervenir. Sin embargo, los propios Auditores ya se las han saltado al ordenar este asesinato. Así que a la Muerte se le ocurre que es necesario que alguien haga algo, que alguien consiga que los niños acumulen suficiente fe en Papá Puerco para que no deje de existir. Pero, para eso, alguien debe ocupar su lugar.

Así que ahora imaginad a un esqueleto de dos metros vestido en un traje rojo y blanco muy grande para él, con una barba postiza, un cojín de relleno en la barriga, un saco mágico que parece saber lo que han pedido los niños y lo que se merecen realmente, y una risa siniestra tal que JO, JO, JO. Acompañada de un ayudante con una cara sospechosamente parecida a la de Albert, que no se resiste en absoluto a beberse todas las copitas de jerez dejadas para Papá Puerco, por supuesto.

Es necesario, para que esto llegue a buen fin y se violen las menos reglas posibles, que ningún humano o semihumano tome parte en el evento. Así que la Muerte, tras presentarse en la mansión (en la cual su nieta Susan trabaja como institutriz para dejar los regalos a los niños), prohíbe a esta meterse en todo ello.

Claro que, si prohíbes algo a tus nietos, o hijos, o a quien sea... lo más probable es que te acaben llevando la contraria. Sólo por fastidiar, aunque sea. Y ya si se les aparece la Muerte de las Ratas montada en un cuervo parlante e insistiendo en que hay que hacer algo, para qué queremos más.

Y es que el tema no es para tomárselo a risa. Porque ahora ha quedado un montón de creencia potencial excedente, tras el hueco dejado por Papá Puerco. Y así, de repente, están tomando forma criaturas que personifican hechos cotidianos, como el Hada del Buen Humor, el Devorador de Calcetines, el Gnomo de las Verrugas, el oh dios de las resacas, etc. Y lo más grave aún, y el objetivo fundamental de los Auditores de la Realidad: si finalmente Papá Puerco muere, el sol no volverá a salir en Mundodisco...

A mí me ha parecido muy, muy bonita. Que sea de la Muerte, por supuesto, influye, porque es uno de mis personajes favoritos, junto con Nobby Nobbs (que tiene un papel secundario, pero divertido, en esta novela). Aunque (a pesar de todas las muertes) más orientada al público juvenil que otras entregas de la serie de la Muerte. Tampoco es que me importe, claro está. Y mi vena friki se ha conmovido con la siguiente frase (los seguidores de Mundodisco enseguida sabrán de quién es):

+++ ¡Es Mío! ¡Buaaaaa! +++

Supongo que cualquiera ahora puede saber qué es lo que más me gusta de la saga de las Odiseas Espaciales de Arthur C. Clarke.

Claro que era obvio.

16 Julio 2009

¡Marchando una de ciencia-ficción de la vieja escuela!

«La vida llamaba a la vida a través de los abismos del espacio. Todo lo que crecía o se movía sobre la superficie de cualquier planeta era un portento, una promesa de que el Hombre no estaba solo en este universo de soles flameantes y nebulosas giratorias. Si hasta ahora no había encontrado compañeros con los cuales pudiera hablar, eso era muy natural, pues allá delante se extendían todavía muchos años luz inexplorados»

Si hay algo que me guste más que las novelas, son los cuentos y los relatos breves. Y si son de ciencia-ficción, mejor que mejor.

Y mira tú por dónde, van mi hermano y Ki y me regalan un recopilatorio de quince cuentos de sir Arthur C. Clarke. Ains, qué lindos que son los dos...

Me pondría a hacer una reseña completa de cada cuento con sus pros y sus contras, pero la verdad es que no hay ninguno que me haya disgustado. Eso sí, en todos ellos sir Arthur ha dejado entrever que tenía un puntillo sádico la mar de rico.

Pero si tengo que elegir, me quedo en primer lugar con Antes del Edén, en el que explora un tema que se ve que le preocupaba mucho (más que nada porque fue una parte muy importante de su 2.061: Odisea Tres): la posible influencia de formas de vida avanzadas al estudiar el desarrollo en ciernes de vida menos evolucionada y luchando por hacerse más compleja. O lo que es lo mismo, lo que puede pasar si el que pretende ser un mero espectador no tiene cuidado y se convierte descuidada e involuntariamente en algo más que un observador sin influencia.

Otro relato interesante es el titulado Odio, que curiosamente sólo tiene de ciencia-ficción la aparición de una cápsula espacial capaz de transportar a un astronauta desde una estación espacial hasta la Tierra. En realidad, el relato habla sencillamente de la crueldad humana y de la sed de venganza, en el que el protagonista decide tomar la justicia por su mano con una crudeza y un sadismo... bueno, en realidad propios y absolutamente comunes en el ser humano.

Y por último me quedaría con El camino al mar, que es de lejos el relato más largo de la colección y narra la búsqueda del protagonista para encontrar las auténticas raíces de la humanidad, cuando se hace patente que ésta se encuentra en decadencia. Todo bastante bonito y con cierta simbología.

Todo el mundo sabe que lo que se le atribuye a sir Arthur no es una prosa lírica ni un estilo elaborado, sino todo lo contrario. Él sabía que lo suyo era ir al grano a contar la historia que se le había ocurrido, y eso es lo que hace en esta colección de relatos, sin florituras. Y se le da bien, al jodío.

Lo dicho: el puntito cruel me ha gustado. Y en ciencia-ficción, más aún...

28 Marzo 2009

¡Marchaaaaaaaando una reseña de Mundodisco!

«El mundo entero está mirando, pensó Vimes. Si algo saliera mal y aquel estúpido asunto de Leshp provocara una guerra, son hombres como estos los que estarían pensando en cómo iban a tratar exactamente con el ganador, fuera quien fuese. No importaba quién empezara, no importaba cómo se luchara, ellos querrían saber cómo tratar con las cosas después. Representaban a eso que la gente llamaba la "comunidad internacional". Y como siempre que se usaba la palabra "comunidad", uno nunca estaba seguro de qué o quién era»

Terry Pratchett es, por supuesto, uno de mis autores favoritos (y eso que es inglés, como el mierdoso de Hamilton). En esta cuarta novela de la serie de la Guardia de Ankh-Morpork (la siguiente a Pies de barro), sir Pratchett se dedica a hacer lo que mejor sabe: humor de las cosas más serias. Hay muchos temas que se tratan, se parodian y se citan, pero entre ellos yo personalmente destacaría la guerra, el racismo, el asesinato de de JFK, Mr. Potato y la ciudad perdida de R'lyeh. Hay que tener los huevos grandes como camiones ser muy valiente para reírse de Cthulhu y de Mr. Potato.

En el mar que separa las costas de Klatch y Ankh-Morpork hubo en tiempos inmemoriales una islita minúscula con alto valor estratégico, llamada Leshp, que desapareció misteriosamente tragada por el mar. Pues bien, la isla ha vuelto a emerger tan misteriosamente como desapareció. Obviamente, ambas naciones se han lanzado como locas a reclamar su soberanía. Y el conflicto, que en principio no debería ser algo muy importante entre dos reinos que llevan un siglo en paz y presuntamente no van a atacarse entre ellos (y con montones de klatchianos instalados en la propia Ankh-Morpork), empieza a complicarse un poco. De hecho, Klatch envía a unos emisarios bastante importantes a Ankh-Morpork, concretamente al príncipe hermano del actual rey de Klatch y a un pequeño séquito, para intentar resolver el conflicto diplomático. Sin embargo, los ánimos están muy tensos y se comete un atentado que a punto está de acabar con la vida del príncipe klatchiano. Todo apunta a un arquero solitario llamado Ossie que aparece convenientemente muerto (despeñado accidentalmente desde su puesto de disparo), pero el comandante Vimes, de la Guardia, empieza a darse cuenta de que hay algo que no encaja.

Obviamente la situación se empieza a complicar bastante, puesto que este hecho se interpreta como el inicio de una guerra entre las naciones de Klatch y de Ankh-Morpork. En Ankh-Morpork se declara la ley marcial, y un estúpido y pomposo noble llamado lord Óxido toma el control de la ciudad relevando al Patricio, lord Vetinari, quien de repente parece haberse esfumado de la faz del Disco. Por su parte, el comandante Vimes, que tiene a su mando a la Guardia de Ankh-Morpork, se ve en la tesitura de mantener el orden en una ciudad llena de inmigrantes e hijos de inmigrantes klatchianos que de repente no son ya para nada apreciados por sus conciudadanos. Pero cuando la agente Angua sube de incógnito a un buque klatchiano y éste zarpa con ella a bordo, el cabo Zanahoria y Vimes deciden que no pueden quedarse a mantener el orden. Así que zarpan tras el barco a pesar de que así se verán inmersos en la batalla...

La novela es, para mí, la mejor de la Guardia (claro que para mí la serie de la Guardia es la mejor de Mundodisco, incluso mejor que la de Rinzewind, que ocupa el segundo lugar entre mis preferencias). O al menos la mejor que he leído hasta ahora. Los juegos de palabras, los chistes, las referencias ingeniosas y la astucia con que algunos personajes se manejan durante todo el conflicto son sencillamente brillantes. A destacar el desternillante tándem formado por el sargento Colon y el cabo Nobbs tratando de pasar desapercibidos como espías en Klatch, a instancias de... bueno, digamos, un colaborador. Y sobre todo, es una magnífica reflexión sobre el sinsentido de la guerra y de cómo los altos cargos públicos utilizan éstas, junto con el odio racial, para manipular a las masas.

Sencillamente soberbia.

23 Marzo 2009

(Ya era hora de un clásico, ¿no?)

«Nada, por lo demás, era merecedor del más liviano esfuerzo: todo mentía. Bajo la sonrisa se oculta el bostezo de aburrimiento; la maldición, bajo la alegría; el hastío bajo el placer, y los más sabrosos besos sólo dejan en la boca el irrealizable anhelo de una más alquitarada voluptuosidad»

(Nota: tuve que buscar en la RAE la definición de alquitarar. Ignorante que es una).

Ki tuvo a bien regalarme Madame Bovary, la más famosa obra literaria de Gustave Flaubert, a sabiendas de que en el fondo soy una gafapasta literaria a pesar de mis tendencias frikis, suelo disfrutar mucho leyendo a los clásicos salvo la primera parte de El Quijote, con la cual nunca he podido. Aunque la traducción es anticuada y tiene algunos errores tipográficos, por no hablar de la manía de hispanizar los nombres, en general he disfrutado mucho con la lectura porque sí, soy una gafapasta, qué pasa.

La novela está dividida en tres partes, que parcialmente se corresponden con los tres segmentos clásicos de la composición de una novela (planteamiento, nudo y desenlace). Aunque, francamente, las tres partes están tan bien desarrolladas, que cada una podría ser una novela por sí misma, obviando, claro está, que las dos primeras partes no tendrían un final cerrado. La construcción de los personajes es magnífica, y la historia central, si bien ambientada en su época, es una de esas historias atemporales que pueden servir como núcleo de cualquier historia ambientada en cualquier época. De hecho, el argumento es bastante arquetípico. Pero está tan bien conducido, y hay tantos detalles a los que prestar atención, que la historia se convierte en mucho más que la simple narración de la búsqueda de la felicidad.

Ki me ha hecho prometer que no voy a irme de la lengua en la reseña, ya que se quiere leer el libro. Por lo que intentaré no pasarme con el resumen. Así que de paso recomiendo que, quien encuentre la edición de la editorial Alba (la que tengo yo; el resto de ediciones, ni idea), se abstenga de leer el prólogo. Destripa toda la historia. Menos mal que soy de las que se leen el prólogo a posteriori debido precisamente a que tienen la tendencia de desvelar los finales.

No voy a contar nada sobre la historia, salvo que se centra en las correrías de la hermosa, refinada y culta Emma Bovary, segunda esposa del rústico y anodino médico provinciano Charles Bovary, y de cómo ésta trata de encontrar la felicidad en un entorno en el que todo, incluyendo el matrimonio y la maternidad, le parece insulso y vacío de significado. De hecho, ambos personajes son como las caras opuestas de una misma moneda: mientras Emma es una mujer infantil, refinada, con gusto por las artes, con inteligencia y con grandes ambiciones, Charles es un tipo ya hecho a la vida, tosco, bastante malo en casi todo (incluyendo su profesión como médico), torpe para aprender y que se conforma con muy poquito. Flaubert critica a través de ellos, junto con otros personajes secundarios, a la sociedad burguesa decimonónica en que vivió: egoísta, pagada de sí misma, clasista y, en el fondo, profundamente insatisfecha y vacía.

Si Emma hubiera sido hombre, hubiera podido aprovechar todo aquello que sí se puso al alcance de Charles y que éste no estuvo jamás capacitado para asimilar (ni tampoco es que Charles tuviera ganas). Pero ella era mujer, y por tanto, condenada a ser poco más que esposa y madre. Además, la excesivamente romántica visión de la vida que tiene Emma hace que ésta no sea capaz de asimilar que las novelas y la vida real no son un mismo escenario. En definitiva, Emma ha sido educada por una parte como una mujer de entonces, y por otra parte con cierta libertad para disfrutar, hasta cierto punto, de determinados privilegios hasta entonces exclusivos de los hombres, para de golpe acabar viviendo en una provincia donde se espera de ella que se comporte como una mujer de la época: dirigiendo la casa, con los hijos, y zurciendo calcetines. Sin embargo, Emma, que en realidad nunca no ha visto mundo (se ha criado en un convento), ha leído muchas novelas románticas y tiene una visión distorsionada de la realidad, por lo que aspira a mucho más; aspira a ser como una heroína de sus novelas, y sus días transcurren vacíos.

Sin embargo, Charles representa justo el otro lado de la moneda: el campesino que llega hasta el nivel de la burguesía, y que con eso ya se conforma. Basta con conseguir dinero para mantenerse en el estatus social deseado, y a partir de ahí tratar de vivir sencillamente, sin aspirar a más y sin esforzarse en nada. Es el representante del tipo bobalicón que consigue ascender mediante un primer matrimonio astutamente concertado por sus padres y gracias a su buena memoria (se hace médico porque es capaz de aprenderse de memoria como un papagayo los temarios, no porque realmente haya aprendido nada), pero que es incapaz de analizar lo que hay a su alrededor y de darse cuenta de que no se pueden dejar los asuntos propios, sobre todo los más importantes, en manos ajenas. Aunque Charles es un devoto esposo y un hombre enamoradísimo de su mujer y su hijita, en el fondo su vida está tan vacía de significado como la de Emma.

Hay, sin embargo, más personajes importantes en la novela, como por ejemplo uno cuyo nombre no voy a revelar porque es más interesante descubrir sus motivaciones y sus intenciones a lo largo de la historia; pero sí diré que se trata de un personaje bastante destacado entre los secundarios. Es un tipo que, a día de hoy, calificaríamos como el trepa. Un hombre sin escrúpulos que de frente muestra su mejor cara, sólo para que la gente se confíe al darle la espalda y así poder apuñalarles limpia y cómodamente sin tener que forcejear. Un personaje desagradable a la par que interesante.

En resumen, creo que es una historia francamente recomendable. Y para el que no quiera perder el tiempo buscando en librerías y bibliotecas, un regalito: el texto completo de Madame Bovary, en español, está disponible en este enlace de Wikisource.

Sobre El tablón naranja

Algún día, mis pajaritas y yo dominaremos el mundo.


Cthulhu demands...

No al recorte en I+D

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